Hacia el final de la novela Píldora roja de Hari Kunzru, luego de una crisis nerviosa que desemboca en un estado de psicosis y desorientación con delirios paranoides, el personaje princial reflexiona sobre su condición y la del mundo:

No es que me crea importante o especial, es que hasta ahora ha habido dos carriles o líneas de tiempo: está la que vivían Rei y sus amigos, una en que el futuro es predecible, como una extrapolación de su pasado, una progresión estable en la que lentamente nos convertimos en nuestras madres y padres, mujeres y hombres que pueden planear cosas y ahorrar para su retiro, que llevan a sus hijos al colegio y participan en reuniones de padres, donde los cuerpos se revelan demasiado grandes para los muebles infantiles. Pero hay otro carril, uno oculto, uno en donde toda esta normalidad es una escenografía de papel pintado que tapa otra realidad sangrienta y atávica que emerge desde lo hondo de nuestra historia […] Mi locura, esa locura por la que me medicaron, trataron y encerraron contra mi voluntad ahora se convirtió en la locura de todo el mundo.

Este fragmento es relevante para la idea de irrealidad capitalista, no solo por su fuerza narrativa, sino por lo acertado de su contexto. En la novela, el personaje principal, un escritor independiente de mediana edad, descubre bajo la fachada de normalidad de su mundo los indicios de lo que poco después conoceríamos como alt-right o derecha alternativa. En la última escena del libro el escritor está con su esposa Rei y sus amigos en casa, esperando los resultados de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos del 2016. Aquellos que vivimos ese momento podemos dar testimonio de su calidad enteramente surreal, ¿pues como fue posible que este “despreciable, ignorante, peligroso, payaso de medio tiempo y sociópata de tiempo completo”, como lo ha llamado Michael Moore, se convirtiera en presidente del país más poderoso del mundo? La intuición de Kunzru es cuando menos inqiuetante, pues fue precisamente a finales del 20l6 cuando la realidad “saltó de carril” y terminamos de entrar en nuestra actual irrealidad.1

Aquí surgen dos preguntas: primero, ¿qué es lo que emerge de lo hondo de nuestra historia?2 Y segundo, ¿cómo fue que terminamos en un mundo en el que la realidad ha adoptado la textura de una ficción, un mundo “irreal”?

Para dar respuesta a la primera de estas preguntas, primero debemos advertir que todo sistema socioeconómico produce su propia realidad, pero el capitalismo ha sido la infraestructura más eficiente de producción de realidades —e irrealidades— sociales que nuestra especie haya conocido. Aquí es esencial dejar en claro que el capitalismo no inventó la producción de irrealidades: heredó y secularizó una tecnología de poder cuyas raíces se hunden en la magia erótica del Renacimiento. Su aporte fue industrializarla, escalarla mediante los medios de comunicación de masas y, finalmente, algoritmizarla a través de las plataformas digitales. La historia del irrealismo capitalista es, en ese sentido, la historia de la industrialización de la magia, de su operación por medios tecnológicos.

Empecemos por el principio. En su libro Eros y magia en el Renacimiento (1987), el historiador rumano Ioan P. Culianu sugiere un intrigante origen para la publicidad y los medios de comunicación modernos: concretamente, que estas surgen de las artes mágicas del renacimiento, y por tanto que es ahí donde debemos buscar

el prototipo de los sistemas impersonales de los medios de comunicación, de la censura indirecta, de la manipulación global y de los trusts que ejercen su control oculto sobre las masas occidentales.3

El principal desafío al hablar de la influencia de la magia en la publicidad y los medios modernos radica en que muchos creemos haber superado las formas de pensar que caracterizaban a nuestros antepasados ​​hace cuatro o cinco siglos. Sin embargo, vivimos en un mundo donde muchas ideas aún están influenciadas por la magia y la religión. Esto ocurre en la ciencia, en la física, en la ecología y, sobre todo, en la psicología y la publicidad. Lo que realmente sucedió es que estas ideas premodernas nunca fueron erradicadas por completo por la Ilustración y, en el caso del cristianismo, la idea del “progreso” científico se convirtió en una continuación del objetivo cristiano de la salvación, que el capitalismo adoptaría más tarde como uno de sus principios rectores.

Así pues, debemos aceptar que la religión y la magia no han sido superadas sino transformadas y reincorporadas, que no son un estadio primitivo del pensamiento sino una capa cultural que persiste, metamorfoseada, bajo la superficie de la modernidad. Reconocer esta cuestión es esencial para entender un tiempo en el que tropas estadounidenses son adoctrinadas con retórica apocalíptica para justificar las operaciones militares en Irán; en el que el cristianismo bautista y evangélico de los Estados Unidos se ha convertido en una herramienta descarada del sionismo; en el que Kirill, el patriarca de la Iglesia Ortodoxa, legitima la invasión a Ucrania como una “guerra santa” y consagra tanques de guerra rusos con agua bendita; o en el que el nuevo Ayatolá ha adoptado una postura abiertamente apocalíptica respecto al actual conflicto con los Estados Unidos e Israel, que llama jihad; un tiempo en el que Donald Trump cree que puede cambiar la realidad cambiando los nombres en un mapa y en el que su vicepresidente declaró que «está haciendo la obra de Dios tanto como le es posible… y si eso conduce al fin de los tiempos, está bien…»

Entender la influencia de la religión y la magia en la publicidad y los medios de comunicación depende de no ver a la religión y a la magia como un puente entre el mundo premoderno y el moderno, abandonado con la llegada de la ciencia moderna y la Ilustración, sino de comprender que estas formas de pensar nunca fueron expulsadas del proyecto científico y económico moderno y que, de hecho, fueron reprimidas y se arraigaron en las profundidades de nuestra cultura, donde permanecen hasta nuestros días. Esta es mi respuesta a la primera de las preguntas que plantee hace un rato: son la religión y la magia las que emergen de las profundidades de nuestra cultura.

En mi libro The Hounds of Actaeon (2020), donde desarrollo la tesis de Culianu, y en el documental Eros desencadenado (2022), realizado junto con Gabriel García para CVLTO TV, sostenemos que es posible caracterizar nuestra realidad social como un hechizo, una irrealidad producida por la publicidad, el marketing y las relaciones públicas. En ese sentido, estas disciplinas pueden entenderse como formas modernas de magia. La razón es que muchas de las técnicas propias de la publicidad, el marketing y las relaciones públicas —varias de ellas derivadas del psicoanálisis— son, en realidad, herederas de la tradición mágica, pues aquello que hoy llamamos psicología era considerado en el siglo XVI una rama de la magia. Este hecho llevó a Ioan Culianu a proponer las artes mágicas del Renacimiento como modelo para comprender el funcionamiento de los medios de comunicación de masas, y a ver en el mago al antepasado lejano tanto del psicoanalista como del publicista.

La tesis de Culianu gravita en torno a un texto fundamental de Giordano Bruno, De vinculis in genere (c. 1591) —De los vínculos en general—, donde se exploran las formas de manipular las motivaciones de individuos y masas con el fin de modificar su conducta. Es en esta obra donde puede rastrearse con claridad la transición entre la figura del mago y la del psicólogo. Sin embargo, la magia que se encuentra en la raíz de la psicología y de la publicidad no es cualquier tipo de magia, sino la magia erótica del Renacimiento, que no debe confundirse con la magia sexual o sex magick. La magia erótica no es ritualista: su campo de operación es el deseo —y no la energía sexual u orgásmica—, que moviliza como vehículo para orientar la voluntad de un individuo o una multitud hacia un fin determinado.

Aquí es importante delinear el modo básico de operación de la magia erótica para entender cómo su capacidad para crear hechizos e irrealidades fue trasladada al capitalismo. Propongo un curso rápido: La magia erótica —o magia pneumática, siguiendo el término de Ioan Culianu—, se basa en la manipulación del pneuma, término griego traducido al latín como spiritus o espíritu. El pneuma pertenece a la tradición filosófica dualista que heredamos de Platón. En el mundo clásico, el cosmos se concebía como geocéntrico y dividido entre el mundo sublunar, compuesto por los cuatro elementos, y el mundo supralunar, formado por una quintaesencia o quinto elemento. Los humanos participaban de ambas regiones: poseían un cuerpo hecho de materia sublunar y un espíritu hecho de pneuma. Así, el pneuma era entendido como una sustancia sutil y etérea que conectaba al ser humano con las esferas celestes y, por extensión, con lo divino.

Al interior del cuerpo humano el pneuma se consideraba un espíritu vivificante o vital que se movía junto con la sangre y era, según Marsilio Ficino (1433-1499)—artífice del renacimiento del neoplatonismo durante el siglo XV—, “casi no corpóreo y ya casi alma; o casi no alma y casi cuerpo”. El pneuma se convirtió en un concepto intermedio para conectar los dos reinos, el corpóreo y el incorpóreo, que eran naturalmente opuestos y no podían comunicarse. Fue así que este concepto devino una forma de reconciliar lo material y lo inmaterial al interior del ser humano.

Manipular el pneuma por medios mágicos presupone la capacidad de manipular los phantasmata (literalmente “fantasmas”), un concepto medieval que designa a las imágenes mentales. El pneuma y los fantasmas son los componentes básicos de un aparato pneumático que servía para explicar la percepción y cognición. A grandes rasgos, al percibir algo el pneuma sale por los ojos hacia el mundo y trae de vuelta una imagen sensorial. Como esta imagen era entendida como material, debía ser refinada y traducida en un “fantasma” inteligible para el alma. El fantasma es, entonces, una imagen mental procesada y purificada, apta para las facultades superiores del ser humano. En este sentido, el pneuma puede entenderse como un espejo donde se reflejaban los phantasmata captados por los sentidos, dando lugar a la idea de un “ojo de la mente” capaz de visualizar los pensamientos.

La figura prototípica del aparato pneumático es la de un círculo cerrado cuyos polos giran perpetuamente entre el sujeto y sus fantasmas:

Fotograma de Eros Desencadenado, capítulo 1

Esta estructura es esencialmente autista y narcisista: un umbral en el que el sujeto imagina y alimenta sus fantasmas, por lo general de su amado o amada, mientras que por su parte los fantasmas encierran y consumen al sujeto. La manera más sencilla de manipular estás imágenes mentales y, través de estas al individuo que las cultiva, es a través del deseo; de ahí el carácter erótico de la magia pneumática. Fue por cuenta de esta relación entre eros y magia que Ficino declaró que el amor es un mago; las operaciones del eros, nos dice Ioan Culianu, son idénticas a las de la magia.

El enamoramiento es la operación prototípica del círculo pneumático. Tradicionalmente esta se ha caracterizado como un acto de cacería en la que Eros dispara flechas con puntas pneumáticas que penetran a la víctima a través de los órganos de los sentidos. De ahí que Guido Cavalcanti, mejor amigo y mentor de Dante, escribiera de su amada Vanna:

Esta virtud de amor que me ha deshecho

de tu pupila gentil presta se mueve

y un dardo me clavó dentro del flanco.

Ahora, cuando las flechas de Eros son reemplazadas por las de un cazador, o venator en  latín, tenemos el germen de una operación que va del embelesamiento erótico a la magia. En la magia erótica el mago es un animarum venator, un cazador de almas; mientras el sujeto de esta operación se convierte en venatus, el cazado, que da lugar a la palabra española “venado”.

Esta etimología no es accidental: el mito de Acteón —el cazador que ve a Diana desnuda y es transformado en ciervo para ser devorado por sus propios perros—, condensa exactamente esta estructura. Acteón no elige ver lo que ve. La visión lo transforma sin su consentimiento. Y lo que destruye su forma humana no es una fuerza externa sino sus propias fuerzas vueltas contra él —sus perros, su deseo, su propia naturaleza reorganizada por el fantasma de Diana—, Acteón se ve transformado por efecto de su propio círculo pneumático.

Por lo general, las flechas de un venator son imágenes, gestos y comportamientos que penetran el aparato pneumático de la víctima del hechizo (venatus) y se apoderan de éste despojándolo de su voluntad. El término técnico para esta operación era vincire, que siginifica atar o vincular. En esencia, una operación de magia erótica consiste en una irrupción al círculo pneumático que refuerza la relación entre el venatus y los fantasmas que el cazador implante y consolide en su pneuma Este procedimiento tiene como resultado un círculo de resonancia erótica que actúa como una zona de confluencia entre los fantasmas del cazador y el cazado:

Fotograma de Eros Desencadenado, capítulo 2

Es en este círculo de resonancia erótica donde tiene lugar toda magia y manipulación pneumática, desde el renacimiento hasta nuestros días. Siguiendo la idea de la magia erótica como un acto de cacería, Ficino usa el término rete (malla o red) para referirse a las ataduras mágicas. Del mismo modo, nos dice Ioan Culiano, el vocabulario de la magia erótica incluye palabras como illex, illecebra y esca, que significan prácticamente lo mismo: cebo. El mago es un cazador que lanza sus redes y pone sus señuelos pneumáticos para hechizar a su víctima.

Giordano Bruno —artífice de la forma más refinada de magia pneumática del Renacimiento tardío—, entiende estos señuelos mágicos como vincula, vínculos o ataduras que enlazan al cazador con el cazado a través de los fantasmas, las imágenes mentales que han sido intervenidas por el venator. El más importante de estos vínculos mágicos es el eros en un sentido amplio del término, que es llamado vinculum vinculorum, o el vínculo de los vínculos. Bruno caracteriza esta forma universal de eros como una red pneumática de vínculos que cubre al universo y une a todas las cosas a través de sus afinidades. Este eros es una forma de deseo que va desde el más simple placer físico y sexual, hasta la autoridad, la riqueza, el poder y la supremacía.

En este punto la relación de la magia erótica con el capitalismo empieza a hacerse evidente: dado que vivimos en una economía de deseo [link a primer post] en la que las necesidades son insaciables y nominalmente infinitas, es decir, en la que se debe generar constantemente más demanda (y consumidores) para mantener al sistema en movimiento, los objetivos del capitalismo estuvieron alineados inconscientemente con los métodos de la magia erótica desde un principio.

Bruno entendía además algo que la publicidad y las relaciones públicas del siglo XX redescubrirían de forma independiente: que es más fácil vincular y manipular a una multitud que a un individuo. El Eros, decía Bruno, es el vínculo que subyace a todos los demás. Quien domina el Eros domina los demás vínculos. Y quien domina los vínculos domina a las personas y a las masas. El mago más hábil es el que puede entrar simultáneamente por las tres puertas del sujeto: la visión, el oído y la mente o imaginación. Dado que las masas funcionan en un modalidad mayormente inconsciente, en ocasiones es más fácil encadenar a estas que a un individuo.

La transmisión de esta tecnología mágica hacia la modernidad tuvo lugar a través de una cadena de transformaciones que constituyen la historia oculta de la psicología occidental. En el siglo XVIII, Franz Anton Mesmer, fundador del mesmerismo, reintrodujo el pneuma bajo el nombre de magnetismo animal —una fuerza invisible que fluía entre cuerpos y podía ser dirigida por el magnetizador para inducir estados alterados en los sujetos, que eran conocidos como sonámbulos. 

Fotograma de Eros Desencadenado, capítulo 3

El sonambulismo magnético era un trance profundo del que los sujetos despertaban sin memoria, marcado por un rapport intenso con el magnetizador que podía describirse en términos eróticos. El diagrama que relaciona al magnetizador con el sonámbulo es estructuralmente idéntico al círculo pneumático: El magnetizador (venator) introduce fantasmas en el sistema perceptivo del sonámbulo (venatus) a través de una corriente pneumática.

Del magnetismo animal al hipnotismo, y del hipnotismo al inconsciente freudiano, la línea es aún más clara. El trance hipnótico sucede en una zona oculta de la psique que está por fuera del control de la razón, a la que Freud posteriormente daría el nombre de “inconsciente”. Como en el caso del magnetismo animal, el hipnotista hace las veces de un cazador que implanta fantasmas, ahora llamados sugestiones, en la psique del sujeto. 

Fotograma de Eros Desencadenado, capítulo 3

Como si siguiera la lógica de la magia erótica, para Freud no hay gran distancia entre el enamoramiento y la hipnosis, «el hipnotizado da, con respecto al hipnotizador, las mismas pruebas de humilde sumisión, docilidad y ausencia de crítica que el enamorado con respecto al objeto de su amor»4.

Ahora, si el mecanismo del enamoramiento y la hipnosis es el mismo, el aporte más interesante de la teoría de Freud al círculo pneumático es la idea de que los fantasmas son una suerte de “idealización” mental del amado o amada que él llamaba ideal del yo, a saber la instancia psíquica que representa el modelo de perfección al que aspira una persona.5 Así, lo que tiene lugar al interior del círculo pneumático del sujeto es que el «hipnotizador se ha situado en el lugar del ideal del yo»6.

Para Freud la relación hipnótica es una formación colectiva de dos personas que presenta uno de los elementos claves de la estructura de masa: la relación entre el individuo y el líder. El salto a entender una multitud como una forma erótica de organización es el siguiente: «una masa es una reunión de individuos que han reemplazado su ideal del “yo” por un mismo objeto, a consecuencia de lo cual se ha establecido entre ellos una general y recíproca identificación del “yo”»7. Este “objeto común” es o bien una idea o una imagen, un fantasma, que ha penetrado y se ha arraigado en el pneuma colectivo; o, también, un líder, un venator que dirige a la masa mediante un entramado de vínculos libidinales.

Fotograma de Eros Desencadenado, capítulo 4

La continuidad de este esquema erótico —compartido tanto por la magia erótica como por el psicoanálisis—, nos lleva a la siguiente conclusión: ya que la masa “enamorada/hipnotizada” por su líder presta atención solo a este, la relación entre la multitud y su cazador es una forma de transferencia psicológica. Esta imagen recuerda la enorme red de vínculos «que cubre al universo y no puede ser designada de una manera única» que Bruno propone en De vinculis, y a la que Culianu alude como un «inmenso aparato de intercambios intersubjetivos… una máquina de transferencias»8.

Por otra parte, la estructura cerrada y autista del círculo pneumático se reproduce en cada una de sus variaciones históricas. Desde la magia erótica y el magnetismo animal hasta la hipnosis y la psicología de masas, encontramos siempre a un individuo o a una colectividad confinados en una burbuja de percepción, separados del mundo real y sometidos a una realidad delimitada artificialmente. El propósito de estas formas de magia siempre ha sido aislar al sujeto para hacerlo susceptible a la sugestión y manipulación.

Fue Edward Bernays, el sobrino estadounidense de Sigmund Freud, quien ató definitivamente a la magia erótica con el capitalismo al conectar explícitamente al psicoanálisis con la manipulación erótica del deseo a una escala industrial. Bernays fue uno de los pioneros de la disciplina de las relaciones públicas y, aún si no era consciente de que aplicaba la mecánica del círculo pneumático a la gestión de multitudes, la línea que lo conecta con Bruno es perfectamente discernible. Su observación más reveladora es a la vez la más bruniana: a veces es posible cambiar las actitudes de millones de personas pero es imposible cambiar la actitud de un solo individuo.

Bernays se percató de que la complejidad de la sociedad moderna ofrecía una oportunidad inexistente en una sociedad basada en relaciones personales, hacía posible que un venator se sirviera de la regimentación para

establecer corrientes psicológicas y emocionales que funcionaran para sus propósitos. En vez de abordar la resistencia a una venta con un ataque directo, [el cazador] está interesado en eliminar dicha resistencia. Para esto crea circunstancias que influirán en las corrientes emocionales para así generar demanda.9

La sola mención de “corrientes psicológicas y emocionales” nos remite a las ideas freudianas de libido y transferencia que están ligadas a la idea renacentista de pneuma que, en este caso, forma una red de vínculos libidinales que sirve para atar a un grupo de consumidores a los deseos de un cazador de almas. Como Bruno, Bernays reconoció que aún si no existe un único vínculo que al ser aplicado funcione de igual modo y con la misma efectividad para todo el mundo, es posible eliminar las resistencias individuales creando una atmósfera de deseo, una circunstancia particular que envuelva al público y lo conduzca indirectamente a donde lo quiere llevar el cazador.

Fotograma de Eros Desencadenado, capítulo 4

Uno de los ejemplos favoritos de Bernays de esta operación era cómo vender pianos. Digamos que una marca de instrumentos musicales está interesada en lanzar una nueva línea de pianos de lujo y no encuentra cómo comercializarlos. La tarea del asesor de relaciones públicas será crear las circunstancias adecuadas para modificar la demanda a favor de la marca:

Apelará, quizás, al instinto de hogar, que es fundamental. Se esforzará por obtener la aceptación general de un salón de música en casa. Esto puede lograrse, por ejemplo, organizando una exposición de salones de música de época diseñados por decoradores famosos que ya ejerzan una influencia sobre los grupos de consumidores […] Luego, con el fin de crear un interés dramático en la exhibición, organiza un evento o ceremonia. A esta ceremonia se invita a personas clave, conocidas por influir los hábitos de compra del público, como un famoso violinista, un artista popular y un líder de la sociedad […] Entretanto, arquitectos influyentes han sido persuadidos para hacer del salón de la música una parte integral de sus planos, quizás con un encantador nicho en una esquina para el piano. Arquitectos menos influyentes imitarán lo que hacen aquellos a quienes consideran los maestros de su oficio. Ellos, a su vez, se implantarán la idea del salón de música en la mente del público en general. 

La sala de música será aceptada porque se convertirá en algo de moda, y el hombre o mujer que tiene una en su casa, o ha dispuesto una esquina de la sala como un rincón musical, pensará naturalmente en comprar un piano. Le llegará a la mente como una idea propia.10

En este fragmento podemos reconocer todos los rasgos del método de cacería de Bernays. En él las figuras de autoridad influencian la decisión de compra de los estratos inferiores de la escala social. Además, la circunstancia creada por el relacionista público genera una atmósfera con un efecto muy particular: hace que el consumidor crea que la idea de comprar un piano no fue implantada en su mente sino que se le ocurrió a él o ella misma. ¿Por qué? Porque la gente puede reconocer fácilmente que está siendo manipulada por un estímulo directo y aislado, pero percibir claramente una atmósfera completa es algo enteramente diferente es, digamos, como dejar de ver los árboles y empezar a contemplar el bosque. Ahora, la función de esta atmósfera de deseo no se limita a desviar la atención de los estímulos aislados disolviendo las resistencias de cada individuo, su función real es propagar la “energía libidinal” por todo el sistema creando un ambiente propicio para los objetivos del cazador de almas. Esta atmósfera es la representación sistémica de la red de vínculos de Bruno, que ahora actúa como una semilla de irrealidad.

En su trabajo como relacionista público Bernays aprendió a diseñar complejas atmósferas de deseo compuestas de múltiples círculos de resonancia, que dieron lugar a entornos perceptivos distribuidos que hacen difícil escapar de los vínculos mágicos. A medida que estos entornos empezaron a ser producidos por medios de comunicación cada vez más sofisticados, la magia erótica pasó de ser un asunto enteramente interpersonal o incluso de masas, para convertirse en una herramienta de manipulación que llega a cientos de miles o incluso millones de individuos en las más diversas configuraciones algorítmicas.

La democratización de las tecnologías digitales abrió la posibilidad de la democratización de la manipulación pneumática. Los phantasmata de antaño se convirtieron en selfies, videos y campañas de marketing digital que se hacen virales en forma de hashtags. La vida de todos se convirtió en un espectáculo a escala global, un espacio comercial unipersonal lleno de efectos de edición digital que lo hacen más atractivo. Al entrar a las redes sociales el círculo pneumático se convierte en una superestructura concéntrica que contiene dentro de sí los círculos pneumáticos o burbujas de filtro11 de cada uno de sus integrantes, un inmenso espejo de agua donde millones de personas pueden observarse a diario. El poder excepcional de las redes sociales para hechizar radica en su modalidad de procesamiento y emisión de vínculos: una máquina digital de análisis y procesamiento de vínculos mágicos. 

Fotograma de Eros Desencadenado, capítulo 5

La capacidad principal de esta máquina es descifrar el conocimiento incógnito de cada uno de sus integrantes (los patrones y hábitos de consumo que ni siquiera nosotros conocemos de nosotros mismos) y convertirlo en conocimientos conocidos, confinando a los usuarios a un reino de deseos predecibles y perpetuamente reproducibles. Así, podemos definir a una red social como una máquina digital cuyo procesamiento transforma incógnitas desconocidas y conocimientos incógnitos en conocimientos conocidos. El final lógico de esta forma de procesamiento del conocimiento, que ya se ha hecho realidad, «es que cada uno de nosotros ha sido reducido a un punto de datos único, predecible y orientable»12.

En este contexto el cazador de almas se convierte en agente de software, un programa de inteligencia artificial, cuya función es explorar y analizar cantidades enormes de información para extraer patrones relevantes para tendencias de consumo, inversiones y comportamientos en línea, entre muchas otras tareas. Con este avance el impulso manipulativo moderno se atenúa, al punto de disolverse en algoritmos privados, a la vez que extiende su influencia y recluta a aquellos que solía manipular para que manipulen (y se manipulen a ellos mismos) en su nombre.

El ejemplo paradigmático de la manipulación pneumática en internet es la campaña presidencial de Donald Trump del 2016. Trump entendió y aplicó el principio básico del irrealismo capitalista: la coherencia en el discurso político es cosa del pasado, cada sector de la población, cada grupo de presas, debe ser abordado en sus propios términos, sin importar si estos contradicen abiertamente a los términos de otros grupos. Y aunque Clinton haya ganado el voto popular con un margen de casi tres millones, es innegable que nunca estuvo ni cerca de producir el tipo de fervor irracional con el que Trump aún agita a sus seguidores de MAGA.

Trump se dirigió constantemente a su base de votantes con discursos cuidadosamente diseñados para incitar al miedo, la ira y la avaricia. Una técnica que, cómo sabemos, aún le funciona de maravilla. Para diseñar su estrategia digital la campaña de Trump se contactó con Cambridge Analytica, una compañía británica fundada por Steve Bannon, el estratega de Trump y el investigador de inteligencia artificial Robert Mercer, que se declaró insolvente a principios de mayo de 2018 después del escándalo sobre el uso de los datos personales de millones de usuarios de Facebook.

El papel de Cambridge Analytica en la campaña Trump fue utilizar los datos de 230 millones de ciudadanos estadounidenses (heredados de las bases de datos de la campaña presidencial de Ted Cruz y de la Convención Nacional del Partido Republicano) para crear grupos objetivos que llamaron “universos” que comprendían sectores detallados de la población, como por ejemplo: «Madres estadounidenses que no habían votado antes y que estaban preocupadas por el cuidado de los niños; hombres a favor de las armas que viven en el medio oeste; hispanos preocupados por la seguridad nacional; y así sucesivamente». Todos estos universos fueron organizados en términos de qué tan influenciables eran para luego ser expuestos a través de sus redes sociales a miles de permutaciones de propaganda política (léase vínculos personalizados) especialmente diseñada para descubrir qué tipo de anuncio daba los mejores resultados. Su investigación reveló qué partes clave de la población en estados indecisos podían ser influenciados para votar por Trump; con clave me refiero a miles de votantes (y no decenas de miles o millones) que resultaron ser apenas suficientes para robarle algunos estados a Hillary Clinton. A primera vista, estas técnicas podrían parecer una extensión legítima del proceso electoral (después de todo no se está “obligando” a nadie a votar por este u otro candidato), pero el hecho es que esconden profundidades ocultas. El micro-targeting y la ultrapersonalización, dice Jamie Bartlett, representa una amenaza considerable para la democracia: ¿en un mundo en el todos recibimos mensajes políticos personalizados, como podríamos debatir pública, y coherentemente, sobre ellos?

Fragmenta y vencerás. La desintegración de la opinión pública es uno de los grandes triunfos del irrealismo capitalista, porque reemplaza una realidad compartida por miles de realidades personalizadas, diseñadas para activar miedos, deseos y resentimientos específicos. Cuando cada ciudadano recibe un relato distinto del mundo, deja de existir un terreno común desde el cual discutir, contrastar argumentos o incluso ponerse de acuerdo sobre los hechos. La política deja entonces de ser una disputa pública por el sentido y se convierte en una administración invisible de percepciones individuales. En ese punto, ya no hace falta convencer a una sociedad: basta con modular, una por una, las pequeñas burbujas que la componen.

A medida que nos hemos adentrado en el siglo XXI el carácter irreal de nuestra sociedad ha ido en alza; el barril de la irrealidad no parece tener fondo o, por lo menos, este no parece estar a la vista. En agosto de este año Donald Trump, como parte de la celebración de los 250 años de la independencia de Los Estados Unidos, inauguró los Juegos Patrióticos, un competencia atlética para jóvenes entre 14 y 17 años (desproporcionadamente blancos en comparación con otras etnias, y desproporcionadamente adeptos a MAGA) que luchan por una beca educativa de USD 125.000. Más que al libro y la película de Tom Clancy que le dan el nombre, el concepto de la competencia se parece a la serie de novelas distópicas Los Juegos del Hambre. En Colombia, la nueva directora del ICBF (Instituto Colombiano de Bienestar Familiar), la entidad encargada de proteger a los niños, niñas y adolescentes apareció disfrazada de la directora Tronchatoro de la película Matilda en respuesta a las críticas que le dieron tal apodo y la llamaron autoritaria, rígida y poco empática por cuenta de sus comentarios sobre un mural realizado por un grupo de niñas que tildó de “ideologizado”. Más allá de la polemica en cuestión, cabe preguntarse, ¿por qué la directora de la entidad a cargo de la protección de la niñez se retrataría a sí misma como un personaje que es en efecto una maltratadora de menores?

Se trate ya sea de divertimentos o de genuinas burbujas demiurgicas —que en el primer post llamé “burbujas de realidad” o “narrativas”—, su profusión ha erosionado el discurso público al punto de hacerlo imposible.

Un ejemplo que encontré en Substack:13

Fuente: https://substack.com/@polymarket/note/c-224040283?r=3ymm62&utm_medium=ios&utm_source=notes-share-action

De la nada, en un abrir y cerrar de ojos, una pseudorrealidad —una burbuja demiúrgica— estalló, llevándose consigo gran cantidad de pruebas del genocidio y de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, tal como se había presentado desde dentro del propio Israel. Por supuesto, lo que desapareció no fue la realidad, sino uno de los mundos mediados a través de los cuales la realidad se hace visible. Y eso es precisamente lo inquietante: en una esfera pública fragmentada algorítmicamente, versiones enteras del mundo pueden aparecer, desaparecer o volverse inaccesibles sin que los acontecimientos subyacentes cambien en absoluto. El poder demiúrgico de la plataforma no reside en crear realidad de la nada, sino en controlar qué realidad se permite que se haga perceptible.

Si nuestro campo de acción, se ha limitado a aprender a reconocer y actuar sobre estas pseudorrealidades manufacturadas, estamos condenados a habitar permanentemente en la presencia de una ausencia: el negativo que se dibuja en la penumbra de nuestra consciencia, cuya existencia intuimos pero que nunca alcanzaremos a aprehender plenamente. A esto parece haberse reducido la condición humana: persiguiendo las sombras de una irrealidad que podría permanecer perpetuamente fuera de nuestro alcance.

* * *

En el siguiente post exploraré cómo las operaciones fantasmáticas del capitalismo, además de constituir una variación secularizada de la magia erótica, también pueden entenderse como un acto de demiurgia. Para ello partiré del concepto de espectáculo de Guy Debord, que nos servirá como punto de entrada para examinar las raíces religiosas de la estructura teopolítica sobre la que se ha construido Occidente.

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  1. Hari Kunzru, Píldora Roja, (Buenos Aires: Caja Negra, 2023), 302. ↩︎
  2. Desde luego, esta cuestión podría ser respondida a través de un marco Freudiano/Ballardiano de represión y liberación de libido pero, como veremos, la cuestión puede ser abordada de otro modo. ↩︎
  3. Ioan P. Culianu, Eros y magia en el Renacimiento, 1484 (Madrid: Ediciones Siruela, 1999), 133. Un término más actual para la expresión trusts de inteligencia sería el inglés think tank. ↩︎
  4. Sigmund Freud, Psicología de las masas, 60. ↩︎
  5. Según Freud el ideal del yo (ichideal) se forma a partir de las identificaciones con los padres y otras figuras de autoridad, y funciona como un referente interno que guía las aspiraciones, los valores y la autoestima. Es uno de los componentes del superyó y actúa como un estándar con el que el sujeto se compara continuamente. ↩︎
  6. Freud, Psicología de las masas, 60. ↩︎
  7. Ibíd., 62-63. ↩︎
  8. Ioan P. Culianu, Eros y magia en el renacimiento, 1484, 148. ↩︎
  9. Bernays, Propaganda, 77. ↩︎
  10. Ibíd., 78. ↩︎
  11. Una “burbuja de filtro”, término acuñado por el activista digital Eli Pariser, es una cámara de eco digital que se produce cuando un algoritmo de búsqueda comienza a determinar qué información desearía ver un usuario específico en función de factores como su ubicación, sus patrones de búsqueda y el historial de su navegador. ↩︎
  12. Jamie Bartlett, The people Vs Tech, 23. ↩︎
  13. Durante el fin de semana, decidí hacer un experimento. Compré un iPad nuevo y limpio, creé nuevas credenciales de inicio de sesión y un correo electrónico nuevo, y descargué la aplicación de Twitter. Pasé una hora entrenando al algoritmo para que me considerara proiraní y antiestadounidense. Quería ver qué se decía a sí misma esa parte del mundo. Y en tan solo unos días encontré dos cosas sorprendentes: es un universo completamente diferente. Sorprendentemente diferente. El típico feed de Twitter de Doomberg y ese otro feed parecieran estar en planetas distintos. La teoría de los universos paralelos de la física está vigente en Twitter. Entonces ayer, algo importante sucedió y ese feed fue desactivado por completo. Ya no se pueden encontrar puntos de vista alternativos sobre lo que realmente está sucediendo en Israel en Twitter, como sí se podía en las primeras 48 a 72 horas después del inicio de la guerra. Hay que vivirlo para verlo. En un abrir y cerrar de ojos, alguien apagó un interruptor. Cada pizca de información que Twitter te ofrece está siendo moldeada, controlada… Disponible en: https://substack.com/@polymarket/note/c-224040283?r=3ymm62&utm_medium=ios&utm_source=notes-share-action ↩︎

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